Un poco sobre mí

Todos tenemos una historia única que contar. La mía no es extraordinaria, pero te la voy a contar como si lo fuera para que pases unos minutos de lectura entretenidos.

Los orígenes

Nací un buen día de 1980, y aunque ya en ese momento tuve ciertas sospechas de que se me daba bien el mundo de la comunicación, no fue hasta los veinte años y el tercer intento de carrera (antes lo intenté con Derecho e Informática), que me matriculé en Marketing y Relaciones Públicas en la Escuela Europea de Estudios Superiores.

Allí fue donde empecé a dar forma y fondo a ese instinto prematuro por comunicar.

La odísea

Después de unas prácticas infructuosas en una agencia de Publicidad en Tenerife (donde tomé la decisión de no trabajar «para cliente» si no «con el cliente») probé suerte en una empresa del sector de la construcción. Allí me pusieron a los mandos de su departamento de Marketing.

Como cabía esperar, con 26 años y ninguna experiencia previa, salir de allí con vida (y con pelo) fue todo un logro profesional.

Tres años más tarde, la empresa pasó de operar de manera regional, a hacerlo a nivel  internacional. Parte de esa transformación, partió de una potente inversión en una plataforma web, mi primer contacto con el mundo digital.

Cuando estábamos saboreando el éxito, un monstruo de dos cabezas en forma de crisis crediticia que venía de Estados Unidos, nos acorraló en un callejón sin salida. Sin crédito para comprar, ni clientes con dinero a los que vender, el monstruo terminó engulléndonos en menos de cuatro meses.

La mejor manera de salir del golpe fue hacerlo también de la isla rumbo a Madrid. Ya en la capital, disfruté de varias y singulares experiencias profesionales hasta caer de nuevo en un departamento de marketing y comunicación.

Esta vez para el sector de la automoción, en una empresa líder que diversificaba su actividad en tres ramas: la compra-venta de motos, la venta de recambios y la fabricación y venta de ropa técnica para motoristas. Tres especialidades completamente diferentes.

Ese sí que era un monstruo de tres cabezas. Un proyecto empresarial apasionante al que estuve ligado los siguientes cuatro años, en el que aprendí cada día y del que tuve que alejarme por motivos familiares que me llevaron de vuelta a Canarias.

El giro

Esta nueva situación personal, en la que no tenía el control sobre cuánto tiempo iba a vivir aquí o allí, fue la que comenzó a moldear mi futuro profesional.

La idea era simple, tenía que adaptar mi trabajo a las circunstancias y para ello debía de empezar a trabajar en remoto. Dar el salto a trabajar en remoto no es fácil. Dar el salto a ser tu propio jefe, tampoco (pero esta historia la dejo para cuando escriba el libro).

Este proceso de cambio en el que llevo inmerso cinco años, se resume en una experiencia profesional muy vinculada a la consultoría de dirección y marketing para diversas empresas y organismos. También al de asesoramiento a empresas para mejorar su identidad, comunicación y actividad online: desarrollando sitios web bajo WordPress y realizando y ejecutando planes de marketing digital y estrategias de contenido y posicionamiento (podéis ver esta experiencia detallada en mi perfil de Linkedin, pero antes de ir para allá…)

… El desenlace

Actualmente vivo entre Córdoba y Granada, donde me ha llevado la vida (y siendo sinceros, el amor).

Mi profesión «en remoto» ha permitido que todas mis decisiones personales fueran liberadas de lo profesional. He elegido qué hacer y dónde hacerlo sin tener que pensar en como afectaría a mi trabajo. Ese punto de libertad que rezuma la frase anterior, viene cargado también de un extra de responsabilidad y de incertidumbre que todo el que trabaje en remoto conoce a la perfección. Pero de esto también hablaré en el libro, mejor en el blog… o bueno, lo dejamos para la película.

Hasta aquí, todo lo que quería contarte sobre mí. Ahora, cuéntame tú: